Encuentros de alcohol y mala suerte [Libre]

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Encuentros de alcohol y mala suerte [Libre]

Mensaje por Armin Sankt el Miér Mayo 07, 2014 4:03 pm

Miro al camarero que me sonríe cuando deja el pedido frente a mí. Me limito a inclinar la cabeza como cualquier gesto de cortesía. A mi alrededor se oyen risas, conversaciones animadas, e incluso algunos acalorados debates. Nada de eso llama mi atención, frunzo el ceño; aún no sé qué estoy haciendo aquí, no es un lugar que suela frecuentar. Me siento algo nervioso, fuera de lugar, todos los rostros me resultan ajenos.

Cojo el vaso que me trajo el chico. Cierro los ojos y le doy un largo trago al líquido traslúcido ambarino; no tardo en sentir el agradable sabor amaderado y dulzón, junto con el habitual ardor en mi garganta a medida que el licor baja por ella. Se siente reconfortante, cómo si de alguna manera pudiera distraerme de todos los problemas e inquietudes que me aquejan. Abro los ojos y muevo la copa meciendo su contenido de un lado al otro. Miro a través de él. El mundo adquiere un tinte anaranjado, como si fuera lamido por lenguas de fuego. Río ante mi propia ocurrencia, estoy divagando sin sentido, y eso que sólo es mi primer trago ¿qué me esperará cuando acabe el brebaje?

Tamborileo mis dedos contra la superficie de la mesa, se siente algo rugosa bajo mi tacto. Recorro con la yema los dibujos que crearon las vetas en la madera, no puedo evitar pensar en el gran árbol que alguna vez fue, mismo que ahora no es más que un trozo inerte de decoración. Así es la vida, cuando menos te lo esperas sólo eres algo muerto en medio del caos de la existencia humana.

Suspiro, no debí venir. No lo tenía planeado, mis píes me arrastraron hasta aquí sin darme cuenta. No sé qué es lo que me llevó a entrar, hubiera sido fácil dar media vuelta y simplemente alejarme... Algo me atrajo, pero sentado aquí divagando  acerca de árboles y fuego me hacen replantearme mi decisión. Quizá lo mejor sea que termine la copa y me vaya. Sí, eso haré me digo. Me bebo a prisa el resto de mi trago, ignorando la quemasón y las ansias de toser ante tan abrupto ardor.

Dejo el dinero suficiente para pagar lo consumido, junto con un extra para el chico que me atendió. Acomodo mi abrigo y me dispongo a irme sin observar a nadie. En medio de mi camino, a la salida, choco contra otro cuerpo. El impacto me desequilibra, mi primer instinto es afirmarme de algo... Lo que en este caso acabó siendo de alguien...

¡Mierda!—Mascullo entre dientes cuando mi espalda rebota con fuerza contra el piso, para enseguida sentir a ese alguien, de quien me afirmé, caer sobre mí... Bien lo que me faltaba, pienso con amargura viendo hacia el techo, no atreviéndome a mirar a la persona encima de mí.


Última edición por Armin Sankt el Jue Mayo 08, 2014 6:32 am, editado 1 vez
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Re: Encuentros de alcohol y mala suerte [Libre]

Mensaje por Johan Gutenberg el Miér Mayo 07, 2014 8:15 pm

El dia había terminado como casi todos los días de su vida desde hacía algunos años.Había abierto los ojos bajo las primeras luces del alba y había acudido a la iglesia local para reunirse con el pastor a planificar los entierros que estaban previstos para el día.Tras la reunión había regresado al cementerio donde ya tenía excavados las dos tumbas necesarias para albergar los cuerpos de aquellos qué habían pasado a mejor vida e hizo los últimos preparativos mientras esperaba la llegada del primer difunto.

Había resultado un trabajo como el de cualquier otro día y cuando se acabaron los entierros previstos para aquella mañana marchó al sótano de su casa donde tenía instalado su taller de carpintería.Aparte de ser el enterrador y guardían del cementerio de la localidad era fabricante de ataúdes.Pasó el resto del día trabajando la madera, siempre le había gustado aquello, podía crear objetos de uso cotidiano como sillas, mesas o lámparas además de los asequibles ataúdes que fabricaba para satisfaccer la demanda entre las clases más bajas, pero además la madera daba infinitas posibilidades de ser trabajada y tratada y secretamente tenía sus proyectos que una vez acabados acababan siendo objeto de deleite solo para sus ojos.

Tras acabar su jornada el sol ya estaba en su zenit y otro día agonizaba lánguidamente ante su verde y atenta mirada de vivos y grandes ojos.Suspiró pero más de satisfacción por el trabajo bien hecho que de cansancio y abandonó el taller para subir a la parte superior de la casa donde dio cuenta de una sencilla cena a base de sopa , pan y salchichas regados con cerveza de barril.Otro día acababa y había resultado ser tan insulso y tedioso como todos los demás...

Aunque Johan vivía feliz en su solitario cementerio a veces como todo ser humano necesitaba de la compañia de otras personas.Los aldeanos del pueblo se sentían divididos respecto a él; era consciente de qué la gente lo veía como a ún joven extraño, silencioso y siniestro pero en el fondo inofensivo por lo qué era tratado con amabilidad pero con distancia, la gente no solía hablarle si no era para tratar asuntos relacionados con la muerte y él se había acostumbrado a vivir casi como un ermitaños, en soledad y sin demasiadas personas a las que poder llamar amigos.

Tomó su ajado abrigo de lana negra y recorrió a pie la distancia desde el cementerio hasta la taberna del pueblo.Caminaba deprisa, el frio era casi cortante y hacía que su ya pálido rostro se asemejara a uno de esos santos de cera que reposaban en los altares de las iglesias.Empezó a ver las luces de la población y apretó un poco el paso, tenía ganas de llegar para tomar algo fuerte que hiciera que su aterido cuerpo entrara en calor.Con los dientes castañeteando y mano temblorosa se dispuso a tomar el pomo de la puerta, pero de pronto ésta se abrió y de la nada apareció ante él un hombre joven;Supo lo que iba a pasar cuando se dio cuenta que el otro hombre no le habia visto pero apenas tuvo tiempo de reaccionar y antes de pader avisarle sintió el choque entre ambos y unas manos que se aferraban con fuerza a su viejo abrigo y como consecuencia fue arrastrado con fuerza en la caida del otro.

Por un momento se sintió algo aturdido, todo había sucedido demasiado rápido, el golpe había sido fuerte pero su caida había sido amortiguada por algo; no, por algo no, por alguien.Se dio cuenta de que estaba completamente sobre el hombre que había chocado contra él y su rostro generalmente pálido enrojeció hasta el nacimiento del cabello.Con torpes movimientos trató de levantarse pero solo consiguió enredarse en su propio abrigo-oh dios mio-exclamó dando por imposible evitar más el contacto visual con el otro.Le miró al rostro aunque el hombre mantenía la mirada en el techo-¿se encuentra bien?-preguntó con preocupación antes de volver a intentar levantarse; ésta vez por suerte hubo más fortuna y consiguío enderezarse-permita que le ayude-dijo amablemente tendiendo su mano al otro joven.
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Re: Encuentros de alcohol y mala suerte [Libre]

Mensaje por Armin Sankt el Mar Mayo 13, 2014 7:37 pm

Escucho risas y comentarios jocosos. Sé, sin lugar a dudas, que el motivo de tal reacción no tiene otra causante que mi torpeza. Reprimo el impulso de ocultar mi rostro con mi antebrazo. Inhalo y exhalo, debo relajarme, intento convencerme. Analizo la situación: estoy en el suelo, con un extraño sobre mí, mismo que ha caído por mi causa. Suspiro, ha sido un día de lo más infortunado y ahora, me temo, he contagiado algo de mi mala suerte al pobre individuo que tuvo la desventura de cruzarse en mi camino.

Estoy sumamente avergonzado, aunque mi rostro no lo demuestre; luce impasible, como siempre. Tantos años fingiendo me han convertido en un maestro en el arte de ocultar lo que verdaderamente siento, o pienso. Una mala costumbre de la que no me he podido deshacer, y a decir verdad no estoy muy seguro de querer olvidarla.

Bien, luego de unos instantes contemplando el techo me armo de valor y miro hacia el extraño. Lo primero que noto es una mata de cabello negro algo alborotado. Se remueve sobre mí, trago con dificultad. Un súbito calor me invade, trato de pensar en otra cosa, pero me resulta algo difícil con una persona ondulando su cuerpo tan cerca del mío. ¿Es que esto se puede poner peor?

Tras unos momentos de lucha con su abrigo logra ponerse de píe. Me quedo un par de segundos, aún aturdido, simplemente recostado contra el frío piso. Alzo la mirada… Veo su rostro, en su pálida piel destaca un ligero tono rosáceo. Al menos no soy el único que se ha visto afectado por lo embarazoso de todo esto, pienso con cierto grado de conformidad. Como si de algún modo su vergüenza lograra menguar o equilibrar la mía. Dejo escapar un largo suspiro. Noto su boca moverse; frunzo el ceño, todavía algo distraído, no logro entender lo que me dice. Sacudo ligeramente la cabeza, eso de alguna manera me hace disipar la nube de confusión.

Yo… Descuida, ha sido mi culpa. — Murmuro algo incómodo. No estoy acostumbrado a estar en esta posición. Este pequeño desbarajuste ya ha hecho flaquear algo más que mi equilibrio. Estoy fuera de mi zona de confort, me cuesta trabajo mantener la compostura. Y tampoco puedo olvidar que el principal culpable he sido yo. —¿Tú te encuentras bien? ¿No te lastimaste?. — Pregunto sintiéndome algo cohibido de repente, ¿pero qué demonios me pasa? Me dan ganas de abofetearme, quizá así deje de actuar como un idiota. Me reprendo mentalmente.

Acepto la mano que me ofrece, con su ayuda estoy nuevamente sobre mis píes.

Gracias.— Acomodo mi ropa y lo miro de reojo. Su ropa está limpia, pero sin duda algo gastada. Viste completamente de negro lo que hace que su, de por sí, pálida piel se vea aún más blanquecina. Entre tanta palidez algo llama mi atención, tiene unos bonitos y vivaces ojos verdes. Desvío la mirada al darme cuenta que he pasado más tiempo del debido estudiando al chico frente a mí. Y eso, no es cortés.

Lamento mucho lo sucedido.— Reitero una vez más mi disculpa. —Mi nombre es Armin Sankt.— Inclino ligeramente mi cabeza en señal de respeto. —Y por lo general no suelo ser tan torpe.— Acoto con una ensayada sonrisa, de esas que soy un experto en mostrar, en un vano intento de alejarme de esta zona de incomodidad en la que me hallo.

Quiero compensarle el malestar causado, pienso un instante; acabo suspirando, reconociendo que no se me da nada bien la interacción con otra persona no habiendo negocios de por medio. Al final opto por lo sencillo.

Yo… — Carraspeo, intentando eliminar el nerviosismo de mi voz. —¿Permites que te invite una copa? Digo, como compensación.— Hablo al fin, con un tono más neutral sin dejar de sonreír. Me parece que es una buena opción, además el chico luce como si necesitase algo que le diese algo de calor.
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